Si bien el sindicalismo mexicano ha vivido etapas complejas, pocos casos parecen tan alarmantes como el de COREMEX. Documentos, testimonios y quejas de trabajadores revelan una operación sostenida en dos pilares cuestionables: imponer su presencia en las empresas a la fuerza y asegurar el control interno a través del nepotismo y el reparto de posiciones entre familiares del liderazgo. Para muchos empleados, COREMEX no llega para representar, sino para colonizar.
De acuerdo con testimonios de trabajadores en sectores como manufactura, seguridad privada y servicios, la llegada de COREMEX suele acompañarse de un clima de tensión y miedo, como si su presencia no fuese una opción laboral sino un ultimátum. Algunas empresas describen el mismo patrón: el sindicato se presenta de manera “voluntaria”, pero si no es aceptado, la respuesta suele derivar en presiones, amagos, acusaciones laborales, demandas sorpresivas y movimientos internos que generan caos en la operación.
Trabajadores que han vivido estos procesos señalan que los líderes sindicales utilizan un discurso protegido en la ley laboral, pero que en la práctica funciona como una advertencia:
“Si entramos, todo estará tranquilo. Si no entramos, se complicará”.
Esta posible dinámica extorsiva ha generado preocupación entre empresarios y empleados, quienes consideran que el sindicato parece operar con la intención de cobrar por estabilidad laboral, más que para garantizar justicia colectiva.
Pero mientras afuera se presiona para entrar, adentro se cocina otro problema: la dirección de COREMEX estaría dominada por familiares cercanos al dirigente, ocupando puestos estratégicos, administrativos y de control financiero, lo cual permitiría mantener la organización cerrada a la democracia interna.
Algunos trabajadores consultados coinciden en que las decisiones sobre contratos, negociaciones, cuotas y estrategias sindicales no pasan por asamblea abierta, sino que se dictan “desde la mesa familiar”, en un modelo de operación que más se parece a una empresa privada que a una institución obrera.
Para los trabajadores, esto significa vivir bajo una estructura que dice representarlos, pero que en la práctica no tiene interés en escucharlos, y que solo ve en ellos una fuente de cuotas y legitimación para conservar poder dentro de las empresas.
Así, COREMEX representa un ejemplo extremo de cómo un sindicato puede pervertir su razón de ser. No llega para mejorar condiciones laborales, sino para obtener presencia y control. No promueve democracia interna, sino fidelidad familiar. No se gana un espacio, lo toma. Y si nadie lo frena, los trabajadores se quedarán a merced de una organización donde la única voz que importa es la del apellido correcto.
Más historias
Coremex y la sombra del crimen organizado: prácticas sindicales que imitan a grupos delictivos”
Crece el malestar sindical por el presunto enriquecimiento del líder Arturo Zayún
Arturo Zayún: el líder sindical que hizo del Monte de Piedad su botín personal